Las mejores calas de Mallorca: guía completa por zonas
En breve 🌊
- Norte: Sa Calobra, Cala Tuent y Cala Figuera de Formentor, entre acantilados de la Tramuntana
- Noreste-este: Cala Agulla, Cala Mesquida, Cala Varques y Cala Mitjana, cerca de Manacor y Porto Cristo
- Sureste: Caló des Moro, S’Almunia, Cala Llombards y Cala Mondragó, en Santanyí
- Sur: Es Trenc, Cala Pi y Es Carbó, en Llucmajor
- Mejor época: mayo, junio y septiembre, y siempre a primera hora
Cuando alguien pregunta por las mejores calas de Mallorca, la respuesta cambia según el mes y según dónde se aloje. En temporada alta, la diferencia entre disfrutar una cala o encontrarla desbordada de gente se decide más por la hora de llegada que por el propio lugar. La isla reparte sus rincones de aguas turquesas y arena blanca en cuatro zonas bien distintas: el norte montañoso de la Serra de Tramuntana, el noreste y este hacia Manacor, el sureste de Santanyí -el más fotografiado- y el sur de Llucmajor.
Cada tramo de costa tiene su propio carácter. Al norte, los acantilados de la Serra de Tramuntana obligan a bajar por carreteras estrechas o senderos con desnivel. Al sureste, calas vírgenes como las del entorno del Parque Natural de Mondragó conviven con otras que ya aparecen en todas las guías. Las mejores calas de Mallorca se reparten entre el norte montañoso de la Tramuntana, el este de Manacor, el sureste de Santanyí y el sur de Llucmajor, con nombres como Cala de Sa Calobra, Caló des Moro, Cala Varques o Es Trenc entre las más buscadas.
Calas del norte: Serra de Tramuntana y Cabo de Formentor
En la costa norte, las calas nacen literalmente de la montaña: torrentes que se abren paso entre acantilados, o pequeñas bahías escondidas en la península de Formentor. Casi ninguna se alcanza en línea recta desde la carretera principal, y eso es justamente lo que las mantiene con ese aire salvaje.
Llegar hasta aquí forma parte de la experiencia. La Serra de Tramuntana, declarada Patrimonio de la Humanidad, impone su ritmo: curvas cerradas, miradores improvisados y, casi siempre, un último tramo a pie antes de ver el agua.
Cala de Sa Calobra
Se forma en la desembocadura de un torrente, encajonada entre acantilados de unos 200 metros. Se llega por una carretera muy sinuosa que atraviesa la Serra de Tramuntana -merece la pena parar en el Nus de sa Corbata, donde la propia vía se enrosca sobre sí misma-. Desde el aparcamiento quedan unos 10 minutos a pie hasta la playa. El agua, muy transparente, invita al snorkel, y conviene llegar a primera hora: desde aquí arranca también el paseo por el Torrent de Pareis.
Cala Tuent
A pocos kilómetros de Sa Calobra, pero con mucha menos gente. Su playa combina piedra y arena de un verde esmeralda intenso, con el Puig Major -el pico más alto de Baleares, 1.445 m según una única fuente consultada- vigilando al fondo. El acceso en coche es sencillo: la carretera termina justo donde empieza la cala. A poco más de un kilómetro, el restaurante Es Vergeret sirve una paella que muchos aprovechan tras el baño.
Cala Figuera (Cabo de Formentor)
Una pequeña bahía de aguas cristalinas entre acantilados, visible desde la propia carretera que cruza la reserva del Cabo de Formentor. El acceso a pie ronda 1,5 km con pendiente pronunciada -una aproximación, no una cifra exacta-, y es precisamente ese esfuerzo lo que la mantiene tranquila incluso en pleno agosto.
Calas del noreste y el este: Cala Ratjada, Manacor y Porto Cristo
Bajando hacia el noreste, el paisaje cambia: pinares que llegan casi hasta la arena, dunas y algún puente natural de roca. Cuanto más al sur de Manacor, más recónditas se vuelven, hasta el punto de que varias solo se alcanzan caminando.
Es una franja que combina calas muy conocidas con otras que exigen preguntar bien antes de salir. La Cala Ratjada y sus alrededores concentran algunas de las playas de arena más amplias de la zona.
Cala Agulla
En Cala Ratjada, una playa amplia de arena rodeada de pinos y colinas suaves. Un sendero costero la conecta con Cala Mesquida, y muchos la consideran una de las calas vírgenes más bonitas de todo el noreste de la isla.
Cala Mesquida
La más grande de un grupo de calas poco masificadas en esta zona, con un paisaje de dunas que la distingue del resto. Cuando sopla la Tramontana se llena de olas, algo que atrae a los aficionados a deportes acuáticos -aunque en esos días de viento el agua pierde parte de su transparencia habitual.
Cala Varques
Una de las calas más espectaculares de la isla, rodeada de acantilados y con un puente natural de roca visible desde el paseo que bordea la costa. En los últimos años el acceso en coche se ha restringido -según una fuente reciente, ya solo se llega a pie, aunque conviene no descartar variaciones locales-, con un trayecto más largo desde Cala Romántica que antes incluía un tramo en pista más corto.
Cala Mitjana (sur de Manacor, cerca de Portocolom)
No hay que confundirla con la Cala Mitjana del norte de la isla. Es una playa estrecha y concurrida, pero muy fotogénica, con zonas de sombra entre las rocas de alrededor. El acceso es complicado y con poca señalización desde el pueblo de s’Horta, en dirección a Cala Sa Nau: unos 20 minutos a pie desde el aparcamiento, según una única fuente. Un complejo privado rodea la zona, así que solo hay acceso libre a la arena y las rocas.
Calas del sureste: Santanyí, las más fotografiadas de Mallorca
La zona de Santanyí concentra las calas más citadas -y también las más masificadas- de toda la isla. Junto a ellas, alternativas más familiares dentro de un parque natural ofrecen otra forma de disfrutar la misma costa.
Si hay un tramo de litoral que aparece en todas las postales de Mallorca, es este. Pero la fama tiene su precio: reservar la mañana temprano es casi obligatorio en verano.
Caló des Moro
Un entrante de mar estrecho y muy fotogénico. Varias guías la señalan como la cala con el agua más transparente de la isla -una valoración recogida en guías de viaje, conviene tomarla como opinión extendida, no como un ranking oficial-. Es prácticamente una piscina natural, ideal para snorkel, y está muy masificada pese a que solo se llega a pie: se aparca en el pueblo de Cala Llombards, a unos 10 minutos de camino.
Cala S’Almunia
Vecina de Caló des Moro, con las casas blancas de un antiguo pueblo marinero como telón de fondo. Se entra al agua desde una plataforma de hormigón o directamente por las rocas, y esconde una poza profunda desde la que saltar hasta una cueva marina. Es una alternativa algo menos saturada que su vecina, a solo unos minutos a pie.
Cala Llombards
Una cala popular de arena rodeada de acantilados, con márgenes rocosos donde sentarse si el arenal está lleno. Sus aguas de color intenso son uno de sus atractivos, así que conviene visitarla temprano en cuanto llega el verano.
Cala Mondragó (S’Amarador)
Dentro del Parque Natural de Mondragó, dos playas gemelas -S’Amarador y Cala de ses Fonts de n’Alís, también llamada Mondragó- se unen por un sendero costero corto. Sus aguas tranquilas y poco profundas la hacen ideal para familias y para el snorkel sin complicaciones. El acceso en coche llega fácilmente hasta el parking; desde ahí, unos 400 metros a pie.
Calas del sur: Es Trenc, Cala Pi y Llucmajor
El sur ofrece algo distinto: la playa natural más larga de la isla, junto a calas de acceso deliberadamente difícil que premian la caminata con tranquilidad. No hay término medio entre lo accesible y lo casi virgen.
Es Trenc
Más que una cala pequeña, una playa natural de unos 2 km de largo, entre Sa Ràpita y Colònia de Sant Jordi. Arena blanca, aguas cristalinas poco profundas y apenas construcciones alrededor -detrás quedan dunas y salinas protegidas-. El aparcamiento es limitado, así que conviene llegar temprano en verano. No es raro escuchar que su ambiente recuerda al Caribe.
Cala Pi
Un entrante de agua color esmeralda que penetra varios cientos de metros tierra adentro. Es una cala muy resguardada -tanto que desde ella no se llega a ver el mar abierto-, a la que se accede por una larga escalera.
Es Carbó
Solo se llega a pie, y eso la convierte en una de las playas más tranquilas de la isla. El esfuerzo se recompensa con mucho espacio y unas aguas cristalinas que pocos comparten.
Cuándo ir para evitar las aglomeraciones
La mejor época para las calas de Mallorca no depende solo de la temperatura del agua, sino de a qué hora se llenan los aparcamientos. Mayo, junio y septiembre son los meses más recomendables: el agua ya está cálida y hay bastante menos gente que en pleno verano.
Julio y agosto traen mucho calor y calas ya concurridas desde primera hora de la mañana, especialmente Caló des Moro, S’Almunia y Es Trenc. En esos meses, la diferencia entre las 9 de la mañana y el mediodía puede ser abismal.
En breve ☀️
- En las calas de acceso a pie -Cala Varques, Es Carbó, Cala Mitjana, Caló des Moro- llegar temprano es la única forma real de encontrarlas tranquilas
- Esto se cumple incluso en temporada alta
Cómo moverte y qué llevar
Casi ninguna de estas calas se recorre a pie desde el pueblo más cercano, así que la logística condiciona cuántas se pueden ver en un mismo día.
- Se recomienda coche de alquiler, porque las calas están dispersas por toda la costa
- Varias exigen un tramo a pie de 10 a 25 minutos sin sombra -Cala Varques, Es Carbó, Cala Figuera de Formentor, Cala Mitjana-: conviene llevar agua y calzado cerrado
- El aparcamiento es limitado y en varias calas -Es Trenc, Sa Calobra, Formentor- es de pago o se llena temprano en verano
- Las manchas oscuras que a veces se ven en el agua suelen ser posidonia, señal de un ecosistema sano, no suciedad
Con esto ya tienes un mapa razonable para decidir qué calas encajan con tu alojamiento y cuánta caminata estás dispuesto a asumir. Si tuviera que elegir un solo cambio de horario, madrugaría una hora más de lo habitual y dejaría Caló des Moro para el último día, cuando ya sepas si prefieres la aglomeración famosa o una de sus vecinas más discretas.